Aunque esto se sale un poco de los incendios, de vez en cuando vale la pena hablar sobre otras cosas, sobre todo si son tecnologías que pueden mejorar el medio ambiente.

La Arquitectura PassivHaus es un estándar de construcción de edificios basado en el aprovechamiento máximo de la energía, mediante aislamiento térmico, eliminación de entradas indeseadas de aire, control de la energía solar, etc.

La casa PassivHaus tiene un consumo muy bajo de energía para calefacción y refrigeración. Incluso en climas poco severos, como el de España, el ahorro en energía podría ser extraordinariamente grande, pudiendo llevar al edificio a la clasificación energética A.

La construcción de edificios mediante Arquitectura PassivHaus, así como las Rehabilitaciones Energéticas siguiendo este estándar, pueden servir de modelo para la salida de la crisis, además de aportar mejoras tecnológicas, reducción de consumos energéticos y respeto por el medio ambiente.

En España ya existen empresas especializadas en la Arquitectura PassivHaus.

Confiamos que este tipo de especialización, respetuosa con el medio ambiente, así como otras tecnologías e innovaciones que están a la espera de ser explotadas, sean un lanzamiento para el cambio de nuestro modelo económico.

Os adjuntamos algunos links interesantes para más información:

www.passivehouse.com

www.madridarquitectura.com/es/servicios/passivhaus.html

www.passiv.de

www.plataforma-pep.org

La agencia americana de proyectos de investigación avanzados para la Defensa (Defense Advanced Research Projects Agency) está investigando desde 2008 nuevas vías para la extinción de los incendios (de momento en el campo militar). La investigación gira en torno a un nuevo enfoque sobre cómo atacar el incendio, basándose no tanto en las reacciones físico-químicas del fuego, sino en la naturaleza de la llama desde el punto de vista de su estado.

A efectos físicos, la llama es un “plasma frío“, con unas determinadas propiedades. Según parece, es posible alterar su funcionamiento de forma que se apague el fuego. La investigación tiene dos vertientes principales: el campo electromagnético y las ondas acústicas.

En lo referente al campo electromagnético, se comprobó que un electrodo en el interior de una llama, generando un campo oscilante, induce una rápida serie movimientos que desplazan la llama de la fuente de combustible, llevando así a la extinción del incendio. Simplificando el proceso, el campo electroágnético crea un “viento iónico” que es capaz de apagar el fuego.

Por otra parte, también se estudió la capacidad de los campos acústicos para apagar un fuego. En este caso, hay dos efectos que se superponen. Por una parte, el campo acúsitico incrementa la velocidad del aire, lo cual lleva a que la capa frontera de la llama, donde la combustión ocurre, se haga más fina, haciendo más fácil la interrupción de la misma. Por otra parte, al alterar la superficie del líquido combustible, el campo acústico conducía a una mayor cantidad de vaporización, lo cual ensancha la llama, pero también hace caer la temperatura de la misma. Ambos efectos combinados llevaban a  la extinción del fuego.

En este link se puede ver la explicación del fenómeno, así como videos demostrativos de la investigación.

http://www.darpa.mil/NewsEvents/Releases/2012/07/12.aspx

Por supuesto, hasta la fecha son pasos en fase experimental, pero al menos dejan claro que hay campo de investigación y nuevos enfoques para apagar los incendios que, más pronto o más tarde, ayudarán a mejorar la seguridad de los bienes y las personas.

Seguramente no sea la primera vez que alguien apela a la frase del título, pero es que cuando las cosas se estancan, la única forma de avanzar es mirar hacia adelante y buscar nuevos caminos.

No me resigno a pensar que la situación es como es y que hay que aguantar como sea. No creo que eso baste, o al menos no parece que sea la forma más rápida de atajar los problemas.

El mejor o casi el único camino es cambiar, explorar, mejorar y trabajar por ello.

Esta es la apuesta de PEFIPRESA en este tiempo: aumentar el nivel, mejorar, incrementar los objetivos, tener los ojos bien abiertos y ofrecer el mejor servicio desde nuestra especialización.

Hemos retomado nuestro claim de “La tranquilidad de estar seguro” porque decididamente creemos que nuestro cometido es que los usuarios puedan trabajar, disfrutar, comprar, ir al cine o hacer negocios sabiendo que a su alrededor tienen sistemas que se ocupan de su seguridad.

Ese es nuestro Compromiso.

La entrada de hoy trasciende el ambito de la protección contra incendios para adentrarse en los misteriosos terrenos de la sociología y la antropología para, de una manera un tanto atípica, mostrarnos la importancia de cumplir a rajatabla con las normas y reglamentos de protección contra incendios ya que a algunos sujetos, ni el sentido común les salvaría.

Dado que no somos ni sociologos ni antropólogos, empecemos por decir que esta entrada es una adaptación del artículo escrito por Agustín Majdalani en el blog de Edinburgh Fire Research hace algo más de un año, el cual a su vez estaba basado en un artículo publicado en el  American Journal of Physical Anthropology en Abril de 2010 y en un incendio ocurrido en la discoteca Luna, en la Nochevieja de 2008, en Edimburgo.

El uso y control del fuego es, según Goudsblom (1986), una característica exclusiva de los seres humanos y se ha asociado a la mayor complejidad intelectual del cerebro humano. Se cree que los humanos pueden poseer mecanismos psicológicos evolucionados dedicados exclusivamente al control del fuego y, aparentemente, esa capacidad presupone un cierto grado de autocontrol frente al impulso de huir de un incendio. Este hecho se contrapone al comportamiento general de huida del fuego asociado a otros animales. Sin embargo, dada la dificultad de determinar arqueológicamente el uso del fuego por los primeros homínidos, las estimaciones sobre qué grupo de homínidos mostró ese comportamiento por primera vez son necesariamente conservadoras. Actualmente se estima que la habilidad de controlar el fuego apareció relativamente tarde en la línea evolutiva, aproximadamente hace unos 2,5 millones de años. A esas alturas, la capacidad craneal de nuestros antepasados era bastante grande con respecto a homínidos anteriores, los cuales tendrían una capacidad similar a la de los actuales chimpances salvajes.

Dadas las relativamente sofisticadas habilidades de los primates si tenemos en cuenta su relativamente pequeña capacidad craneal , comparada con la de los humanos e incluso los primeros hominidos (por ejemplo los Australopitecus), los autores del artículo de abril de 2010 consideran que una atenta observación de las reacciones de chimpances salvajes frente a fuegos naturales podría ayudar a construir una hipótesis sobre las reacciones aproximadas de los primeros homínidos frente al fuego. Sus observaciones de campo durante el desarrollo de fuegos naturales les llevó a concluir que los chimpances parecen poseer un cierto nivel de autocontrol frente al impulso de huir del fuego, sugiriendo que el control del fuego por los humanos es la culminación de un complejo proceso evolutivo que implica la adquisición de, al menos, tres estados cognitivos (en orden evolutivo):

1) Conceptualización del fuego: la comprensión del comportamiento del fuego bajo condiciones variables que les permitiría predecir y anticipar su desarrollo, permitiéndoles de ese modo desarrollar actividad en las inmediaciones del fuego.

2) Capacidad de controlar un fuego: contenerlo, aportarle o retirarle combustible y, tal vez, apagarlo.

3) Capacidad de hacer fuego.

Basándose en este hallazgo, el autor de este artículo sugiere que ser capaces de comprender cómo otros homínidos modernos reaccionan frente al fuego (por ejemplo, el Homo-Discotequensis) podría ayudar a los antropólogos a desarrollar sus hipótesis. En este contexto, el autor considera que los hallazgos de Pruetz y compañía, en combinación con los datos recopilados en el incendio de la discoteca Luna en Edimburgo, pueden dar más pistas sobre si el control del fuego llegó antes en nuestra evolución de lo que se piensa hoy en día o no.

Más abajo se puede ver una tabla que resume las observaciones realizadas en dos grupos de homínidos: los chimpances y lo que el autor ha llamado Homo-Discotequensis o humano “discotequero” (es decir, humanos normales reaccionando de un modo emocional no evolucionado frente a los factores accidentales de su entorno, en combinación con una extraña combinación química que recorre sus venas y es bombeada a sus cerebros).

Observaciones en chimpances Observaciones en humanos de fiesta
Los chimpancés observan el fuego de manera tranquila a corta distancia y varían su comportamiento anticipando el movimiento del fuego. Los humanos discotequeros observan el fuego de manera exaltada a muy corta distancia variando su comportamiento al ritmo del DJ y el láser verde.
El comportamiento de los chimpancés se puede interpretar como predictivo, no responsivo, dado que no mostraron síntomas de miedo o stress, más allá de apartarse del fuego según se aproximaba a ellos. Lo mismo aquí, sólo que en vez de evitar el fuego se evidencia un grado de diversión y un cierto deseo de tocar el fuego en las fases iniciales del incendio
Por ello, mantenemos que estaban prediciendo el patrón de desarrollo del fuego y no estaban preocupados de que el fuego fuese a extenderse de repente y quemarles. Exactamente, eso es lo que estos humanos (tal vez de manera un tanto arriesgada) estaban pensando: “Noooo, no se extenderá de repente y me quemará…”
El hecho de que se sentaran directamente en frente del fuego a una distancia que hacía que el observador se sintiese preocupado por su seguridad demuestra que estaban cómodos con su entendimiento del comportamiento del fuego y su capacidad para predecir sus movimientos y ajustar su respuesta a los mismos. No, no, no… Aquí no hay acuerdo: el hecho de que estuviesen bailando y aplaudiendo justo en frente del fuego a una distancia que haría que cualquier observador del vídeo se sintiese preocupado por su seguridad demuestra que no tenían consciencia del peligro, malinterpretando el comportamiento del fuego y ajustando su respuesta únicamente al sonido del fuego, la música y la muchedumbre.
Estos comportamientos demuestran la capacidad cognitiva para adaptarse a un agente externo potencialmente dañino. Mmmm… No hay acuerdo aquí con respecto a ninguno de los Homo-Discotequensis objeto de estudio.
Aparentemente, los chimpancés actuales han alcanzado el primer estado cognitivo en el control del fuego (Conceptualización del fuego) Aparentemente, los humanos discotequeros no han alcanzado este estado cognitivo, pese a que se permitan desenvolverse a muy poca distancia del fuego.
El punto anterior sugiere que los chimpancés han formado una predicción mental del movimiento del fuego. Variables a tener en cuenta serían las dimensiones e intensidad del fuego, en función de los factores topográficos y climatológicos. Tener en cuenta estas variables y predecir el comportamiento del fuego es una tarea compleja. No hay duda de que ésta es una tarea compleja que ni siquiera los “humanos diurnos” (población humana no sujeta a la atmósfera discotequera y sus extraños efectos) pueden desarrollar al 100% y, mucho menos, los humanos discotequeros.
Las observaciones sugieren que, como los humanos, los chimpancés son capaces de controlar el impulso del miedo en presencia de fuego. Misma interpretación viendo el comportamiento de nuestra población de muestreo, con el añadido de que no sólo controlan el miedo, sino que además bailan todos juntos cantando “El techo está ardiendooo…”, mientras se carcajean en una nube de humo.
El macho dominante exhibió un comportamiento exagerado de aproximación al fuego de manera análoga a otras demostraciones de poder exhibidas allá donde quiera que se haya estudiado a los chimpancés. Bueno, sin tener muy clara la posición dominante de los humanos que quedan en la discoteca ignorando las alarmas, éstos exhiben el mismo comportamiento exagerado de aproximación al fuego, de manera análoga a otras demostraciones de poder.

 En conclusión, si aceptamos la idea de que la conceptualización del fuego es un prerrequisito para su control y uso, se puede concluir que los seres humanos, dado que en ciertas circunstancias demuestran una regresión evolutiva de 3 millones de años o más, no pueden ser considerados dentro del grupo de homínidos que ostentan el honor de haberlo alcanzado. El caso de la discoteca Luna, dado que no hubo víctimas mortales ni heridos de consideración, nos permite hacer este análisis en clave de humor pero, lamentablemente, la combinación de alcohol + masificación + pirotecnia suele resultar letal en números muy elevados, como se ha podido ver en múltiples ocasiones.

La conclusión de todo esto, ya sin atisbo de humor, es que en caso de incendio no se puede dejar la seguridad de las personas exclusivamente en manos de su propio juicio y que se debe garantizar su seguridad por medio de todas las herramientas a nuestro alcance. Es responsabilidad de la sociedad proteger a esta gente y, para ello, el estricto cumplimiento y aplicación de las normas y reglamentos de protección contra incendios es la única manera de minimizar los riesgos en caso de accidente.

Hoy queremos hacernos eco de un interesante artículo publicado por VdS en su newsletter de mayo, en el cual se adentran en la mayor planta automovilística del mundo para hablar sobre la importancia de los sistemas de protección contra incendios, y especialmente los sistemas de control de temperatura y evacuación de humos,  en establecimientos industriales.

Autostadt Wolfsburg

Esta planta no es otra que la que tiene el Grupo Volkswagen en Wolfsburgo, Alemania. Con 6,5 kilómetros cuadrados, 1,6 de los cuales se encuentran cubiertos, y en torno a 50.000 personas trabajando allí a diario, más que una fábrica, se podría decir que la planta de Wolfsburg es toda una ciudad de la que salen al día unos 3.500 vehículos.

En números, la planta de Wolfsburgo cuenta con 6.562 aireadores, distribuidos en 557 sistemas diferentes, todos ellos instalados y mantenidos conforme a las directrices de VdS. A lo largo del artículo se hacen una serie de reflexiones muy interesantes que se pueden extrapolar fácilmente a cualquier planta de proceso, independientemente de las dimensiones de la misma. Dado que no todos sabemos alemán, vamos a intentar resumir el artículo para vosotros.

Preámbulo

El articulo de VdS gira en torno a la conversación mantenida entre Dieter Maske, representante de VdS en Volkswagen, y Joachim Hardt, Facility Manager de la planta de Wolfsburg, y al contrario de lo que en un principio se pudiera pensar dadas las dimensiones de la planta y la variedad y cantidad de sistemas que pueda alojar, prácticamente la totalidad del artículo gira en torno a los beneficios que reporta el Sistema de Control de Temperatura y Evacuación de Humos. Es de suponer que la calidad de los medios de protección activa tradicionales, extinción y detección,  se pueden dar por supuestos en una empresa de las características de Voklswagen y, en esta ocasión, han preferido centrarse en algo que, aun no siendo nada nuevo, sí es de más reciente implantación. Cierto es que los SCTEH son todavía el patito feo de las instalaciones de PCI, no estando aun muy claro dónde ubicarlos y no estando presente en la mente de los industriales como algo útil y necesario para la protección de sus instalaciones. 

¿La seguridad cuesta dinero?

Partiendo de la socorrida máxima de que la protección contra incendios es una inversión de futuro, el artículo en seguida llega a la conclusión de que lo barato sale caro. Según la Asociación de Compañías de Seguros Alemana (Gesamtverband der Deutschen Versicherungswirtschaft, GDV), en 2009 se dieron en Alemania 50.000 partes por por accidentes relacionados con el fuego en establecimientos industriales, con un coste estimado que rondó los 500 millones de Euros. La postura de Volkswagen es que los SCTEH, además de prevenir los problemas de los gases de la combustión que todos conocemos (intoxicación de personas, riesgo de flash-over por las elevadas temperaturas de la capa de humos, etc.), garantizan que los trabajos de producción se retomen lo más rápido posible después de un incendio. Los humos de un incendio que, aunque extinguido, no fueran controlados, afectarían tanto a máquinas como a productos, lo que les obligaría a parar la producción para recuperar unos y otros. Esta parada tendría efectos debastadores en la cadena conformada por logística, producción y distribución, con costos muy elevados y difíciles de evaluar. Ante esta eventualidad, los financieros de Volkswagen parecen tenerlo bastante claro y han preferido invertir en instalar sistemas de control de temperatura y evacuación de humos.

Integración en el proceso

Otro de los beneficios que a Volkswagen le reportan las instalaciones de SCTEH es su integración en el proceso de fabricación. De todos es conocida la posibilidad de utilizar el sistema de aireadores como un medio de ventilación natural, pero este uso cobró para Volkswagen una nueva dimensión cuando las elevadas temperaturas registradas en el verano de 2010 a punto estuvieron de paralizar la producción en la planta. A principios de ese verano las temperaturas fueron tan inusualmente altas que, sólo mediante el empleo de la ventilación natural que les proporcionó el sistema, fueron capaces de refrigerar la nave de fabricación de elementos plásticos justo antes de su colapso. La parada de esta línea de fabricación habría supuesto, de nuevo, la parada de toda la planta de producción.

Alemania vs Europa (o mejor dicho: VdS vs EN)

El artículo termina hablando de la polémica surgida en Alemania por la implantación a nivel europeo de la norma EN 12101-2, que define las especificaciones para aireadores de extracción natural de humos y calor, y sus diferencias con respecto a la norma DIN 18232-2, que era la norma alemana de aplicación hasta la entrada en vigor de la EN 12101-2. Evidentemente, ésa no es nuestra guerra ya que aquí no nos aplica, pero ilustra claramente la manera de ser de los alemanes ya que se quejan de que se reducen los requisitos de calidad de los ensayos realizados para la clasificación de los aireadores, a la par de que sirve a VdS para promocionar sus propias directrices de aprobación de aireadores.

Conclusiones

Una lectura atenta del artículo no revela ningún dato que no podamos concluir con un poco de sentido común, pero sí invita a replantearse la bondad de la instalación y su consideración como inversión estratégica. La proverbial eficiencia de los alemanes, tan cacareada en estos tiempos que corren, no se debe meramente un cliché preestablecido y resulta lógico pensar que, cuando una empresa como Volkswagen ha invertido tanto dinero en una instalación de este tipo en esta era de competitividad desbocada y constante reducción de costes, será porque algún beneficio le han tenido que ver…

Tradicionalmente en España, una de las soluciones más empleadas para evitar riesgos  de congelación en sistemas de rociadores ha sido la instalación de sistemas húmedos con una determinada concentración de anticongelante, en función de la temperatura mínima esperada.

Normas de aplicación

Esta solución se ha aplicado normalmente en instalaciones donde la exposición a las temperaturas bajo cero es estacional y donde la instalación se puede definir como subsidiaria de otro sistema mayor, de tal manera que no requiera la instalación de un puesto de control, minimizándose el coste que el propietario tiene que pagar por una instalación en principio segura. Tanto la norma UNE EN 12845 como CEPREVEN RT1-ROC identifican la posibilidad de su uso pero únicamente acotan el tamaño de las instalaciones subsidiarias con anticongelante a un maxímo de 20 rociadores por instalación y hasta un total de 100 rociadores combinando distintos subsistemas con solución anticongelante, sin llegar a identificar los distintas tipos de anticongelante a emplear ni su porcentaje de aplicación en función de la temperatura mínima esperada. Sí que se especifica en UNE, al menos, la necesidad de disponer de dispositivos de prevención de retroflujo para impedir la contaminación del agua, a lo que debería añadirse la lógica caída de la concentración por la difusión del anticongelante por el resto del sistema.

Para poder calcular el porcentaje de la solución anticongelante de aplicación en cada caso acudiremos entonces a NFPA13, en su apartado 7.6, que pese a no limitar los tamaños de las instalaciones, sí que identifica los porcentajes de las soluciones a emplear  en función de la temperatura mínima y los esquemas de conexión de las instalaciones subsidiarias.

Consideraciones adicionales

Sin embargo, el diseño de nuestra instalación no acaba cuando definimos el porcentaje de la solución anticongelante, ya que existe una serie de factores de diseño e instalación que afectan tanto a su eficacia como a la idoneidad de su elección. En primer lugar se debe tener en cuenta que la adición de la solución aumenta la densidad del agua, siendo necesario realizar cálculos hidráulicos en los que se contemple la corrección de la viscosidad conforme a los diagramas de Moody correspondientes y en función del coeficiente de Hazen-Williams resultante. De hecho, NFPA13 requiere que en instalaciones de volumen superior a 150 litros se incluya un punto de prueba para verificar la presión dinámica de descarga del sistema conforme a los criterios de diseño. En segundo lugar, es necesario prestar especial atención a la calidad de la mezcla de agua y anticongelante para evitar posibles riesgos de decantación y, por tanto, de congelación parcial de la mezcla en las tuberías expuestas al frío. Sin exigir exclusivamente el uso de soluciones premezcladas, NFPA13 indica que se deben hacer pruebas de densitometría de varias muestras de la mezcla antes de bombearla al sistema, para verificar la correcta distribución de la concentración.

Problemas y riesgos: más es menos

A priori, siempre que se observen todas las indicaciones anteriores, se podría considerar que el riesgo estará protegido correctamente pero, como vamos a ver más adelante, se debe tener especial cuidado en no exceder la concentración indicada de anticongelante y realizar un riguroso mantenimiento de las instalaciones.

Con motivo de dos accidentes registrados en EEUU, en los que se determinó que la solución anticongelante descargada contribuyó a magnificar los efectos del incidente, se lanzó una investigación por parte de The Fire Protection Research Foundation para evaluar los criterios conforme a los cuales estaban diseñados los sistemas. En el primero de estos accidentes, registrado en la terraza cubierta de un restaurante protegida con una solución de Propilenglicol, al iniciarse la descarga del sistema se produjo un “Flash Fire” (Flash Fire: fuego que se extiende rápidamente por un combustible difuso, como pueden ser polvo, gases o los vapores de un líquido combustible, sin produccion de presión) que se propagó por toda la terraza hasta entrar en el restaurante, causando quemaduras a varios trabajadores y daños leves tanto dentro como fuera del restaurante. En el segundo accidente, el fuego originado en una sartén en un edificio residencial protegido con una solución al 50% de Glicerina provocó un efecto similar pero, al tratarse de un recinto confinado, la producción de presión provocó una explosión.

El estudio finalmente concluye que, en determinadas circunstancias, las gotas atomizadas de agua-anticongelante pueden volverse combustibles al rociarse sobre el foco del incendio. Asimismo, el aumento de la concentración de la mezcla contribuirá directamente a un incremento de la combustibilidad de la solución. En algunos casos, se ha demostrado que la liberación de energía de algunos incendios puede verse aumentada tras la descarga de la solución anticongelante.

Como resultado de las conclusiones emitidas por este estudio, NFPA ha emitido cuatro TIAs (Tentative Interim Ammendments: propuestas de cambio interinas, que seguramente acabarán incorporándose a NFPA13) con nuevos criterios para este tipo de instalaciones, tanto de nueva ejecución como existentes, que se pueden resumir de la siguiente manera:

  1. Sistemas con anticongelante de nueva instalación sólo podrán ser cargados con soluciones anticongelantes premezcladas, debiendo aportarse certificados incluyendo el tipo de anticongelante, concentración y punto de congelación.
  2. Lás máximas concentraciones permitidas serán del 48% en volumen de glicerina y del 38% en volumen de propilenglicol.
  3. Se deberá comprobar la calidad de la solución anualmente, previamente a la temporada de invierno, y, en caso de que no sea correcta, se deberá vaciar la instalación y recargarla con una mezcla premezclada según indicado. Para que se pueda estimar correcta la calidad de la solución, se deberá verificar la misma tomando muestras en los puntos más altos y más bajos de la instalación. Esto coincide con lo especificado en el punto 18.3.3 de la Regla Técnica de CEPREVEN, en la que se indica la necesidad de verificar la gravedad específica de manera anual en zonas expuestas al frío exterior y con caracter trimestral en casos de almacenamiento frío permanente.

Aplicación en España

Dado que la norma UNE EN 12845 sí que límita el número de rociadores en este tipo de instalaciones, NFPA13 no lo hace, la cantidad de mezcla anticongelante en descarga siempre será menor que los casos de estudio que hemos presentado anteriormente, con lo cual el riesgo será menor pero, dado que nos estamos refiriendo a esta norma para determinar las concentraciones de diseño, deberemos prestar mucha atención a realizar una correcta mezcla y nunca superar las proporciones indicadas de cara a minimizar el riesgo.

Alternativamente, a fin de evitar riesgos innecesarios, sería interesante promover otro tipo de soluciones para la protección contra heladas como son los sistemas de preacción o la calorifugación y traceado eléctrico de las tuberías de rociadores expuestas al riesgo de congelación.

Imagino que a los que, como yo, trabajéis en el sector de protección contra incendios os habrá pasado mil veces que, cuando vais a un evento donde hay gente que no conocéis y empezáis a hablar con alguien, llegado el momento de contar en qué trabajáis, el 99% de la gente se cree que eres bombero. En otra vida, éste sería el momento en el que aprovecharse del atractivo implícito del bombero, liarse la manta a la cabeza y decir a todo que sí, que es muy sacrificado a la vez que gratificante y que uno va al trabajo con la determinación de salvar vidas y a ver si cae algo, que mañana será otro día…

Lamentablemente, uno ya no está para estos menesteres y al final acabas teniendo que liarte en largas explicaciones para contarles que no, que lo tuyo son las instalaciones fijas de rociadores, bocas de incendio, etc, y que tu trabajo no reporta satisfacciones tan electrizantes como las de los cuerpos de seguridad. Llegados a este punto, por lo general el interés decae y la conversación acaba o muta rápidamente. Sin embargo, es en el raro caso de que tus interlocutores todavía mantengan el interés por lo que haces, cuando te encuentras las mayores sorpresas al respecto de lo que la gente entiende que es tu trabajo, es decir: los mitos y las leyendas. Dado que éste tema es muy amplio (la osadía que da el desconocimiento puede llegar a límites insospechados), iremos haciendo diferentes capítulos de esta misma entrada pero, de momento, vamos a quedarnos con el mito estrella.

Mito nº 1: si acercas un mechero a un rociador se dispararán todos los del edificio, impepinablemente, siempre y en todo lugar.

A los que crecimos en los 80, siempre nos quedó muy claro que esto era una verdad absoluta ya que, de no ser así,  McGyver sólo habría sido un horterilla con mechas y las maniobras de distracción de multitud de películas de acción de tercera clase se habrían ido al garete. Lamentablemente, esta creencia paranormal no afecta exclusivamente al ciudadano de a pié, ya que en muchos casos nos encontramos con responsables de mantenimiento, jefes de seguridad y algún que otro ingeniero por ahí que nos comentan su sincera preocupación por lo que podría llegar a pasar si por accidente se le abriese todo el sistema…

Yo, que soy muy inocente, supongo que si habéis llegado hasta aquí ya conocéis el funcionamiento de un sistema de rociadores estándar pero, por si acaso, aquí tenéis un video mostrando la secuencia de disparo de un sistema de rociadores ESFR y otro con una prueba a cámara lenta de un rociador sin agua, así como un link al manual que en su momento editó Tecnifuego-Aespi, para dar a conocer el funcionamiento de los rociadores.

En un sistema de rociadores húmedo, que vienen a ser el 95% de los que nos podemos encontrar instalados, el rociador entrará en funcionamiento cuando el elemento termofusible con el que éste viene dotado sea expuesto a una temperatura superior a la que venga tarado, desbloqueándose entonces el orificio de salida de agua e iniciándose la descarga. Esto implica que todos y cada uno de los rociadores que lleguen a abrirse finalmente, lo harán por haber sido sometidos al incremento de temperatura provocado por el fuego. En el 90% de los casos los incendios se extinguen mediante la apertura de un único rociador.

Si realmente ocurriese lo que vemos en las películas, las empresas instaladoras nos veríamos obligadas a instalar bombas del tamaño de camiones y depósitos prácticamente tan grandes como el edificio a proteger, lo cual sería cuando menos económicamente inviable, sin entrar a analizar técnicamente si sería posible o no (imagináos las peleas con el arquitecto del proyecto…). En la vida real, partimos de la base de que habrá un único foco de incendio y se cálcula todo para dar abastecimiento de agua a un número de rociadores, que variará en función del riesgo a proteger, y que será el máximo necesario para controlar el incendio hasta que lleguen las dotaciones de bomberos al edificio.

En definitiva, para los que no estéis familiarizados con este tipo de sistemas, buscad una empresa instaladora que os de las garantías necesarias de estar realizando un trabajo profesional y confiad en lo que os digan sus técnicos, que para eso están. Más adelante, si nos encontramos en una fiesta, ya hablaremos de fútbol, o de lo que sea…

Dicen que la manera correcta de iniciar un blog es presentando a quien lo escribe, sus motivos para hacerlo y lo que espera conseguir con ello. Partiendo de la base de que éste es un blog de empresa, lo más lógico sería que os contase entonces que estudié ingeniería técnica industrial y que llevo la mayoría de mi vida profesional en el sector de la protección contra incendios, de la cual he invertido ya cinco años en PEFIPRESA. Os diría también que PEFIPRESA lleva 45 años a la cabeza del desarrollo e implementación de soluciones de protección contra incendios en España y que, por eso mismo, la motivación para lanzar este proyecto no es otra que redundar en la idea que nos ha guiado durante estos años: poner los medios necesarios a disposición de los técnicos, para lograr una mejora continua en nuestras instalaciones de PCI. Dicho esto, el objetivo principal de los que estamos detrás de este proyecto es el hacer de este blog una fuente fidedigna de información, un elemento generador de debate y un archivo de referencia para todo aquello que rodea el mundo de la protección contra incendios.

Sin embargo, pese a hablar desde el seno de una empresa, detrás del nombre de PEFIPRESA y de este proyecto en particular nos escondemos una serie de personas con nuestros problemas e inquietudes, los cuales inevitablemente, colorearán la naturaleza de nuestros posts. Trataremos temas normativos, temas de actualidad, temas puramente técnicos y otros que no lo sean tanto y habrá momentos en los que seamos didácticos, momentos en los que seamos más críticos y momentos en los que la candidez sea la seña de identidad de nuestros artículos. Eso sí, intentaremos siempre que nuestros posts estén enfocados desde el rigor y con la voluntad de que lo que hagamos sea útil, tanto para vosotros como para nosotros.

Con todo esto, queremos daros la bienvenida a este proyecto que hoy empieza, confiando en que volváis a visitarnos y podamos establecer un diálogo fluido que, mediante vuestra participación, justifique este proyecto.

Un saludo y hasta pronto,

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